¿Por qué marchamos? Una reflexión sobre las causas que nos convocan

Por David Uscanga


En tiempos donde la indignación se globaliza y las redes sociales nos invitan a opinar sobre cada conflicto internacional, conviene detenernos un momento y preguntarnos: ¿por qué marchamos?, ¿por quién alzamos la voz?, ¿dónde está realmente nuestra atención como sociedad?

No se trata de desestimar las causas que ocurren fuera de nuestras fronteras. El dolor humano no tiene pasaporte. Pero sí de reconocer que, en México, hay urgencias que nos tocan más cerca, que nos atraviesan todos los días, y que muchas veces quedan relegadas por la agenda mediática o por la necesidad de posicionarse en debates que, aunque legítimos, no siempre nos corresponden directamente.


La reciente tregua entre Israel y Hamás, por ejemplo, ha generado una ola de opiniones, posicionamientos y hasta movilizaciones en nuestro país. Pero mientras discutimos quién tiene razón en un conflicto que lleva décadas y que difícilmente se resolverá en un hilo de X, aquí mismo, en nuestras calles, hay familias que no tienen agua, hospitales sin medicamentos, periodistas perseguidos, mujeres desaparecidas, niños sin escuela, campesinos sin tierra, y trabajadores sin salario justo.

¿Dónde está nuestra empatía cuando se trata de nuestros propios hermanos mexicanos? ¿Por qué nos cuesta tanto marchar por ellos, por nosotros?

No digo que no se marche por causas internacionales. Digo que primero debemos mirar hacia adentro. Que toda esa energía de solidaridad, de denuncia, de justicia, puede y debe aplicarse también a lo que ocurre en nuestras colonias, en nuestros pueblos, en nuestras instituciones. Porque si no somos capaces de defender lo que nos duele aquí, ¿cómo podemos hacerlo con lo que ocurre allá?
Marchar es un acto de conciencia, no de moda. Es un ejercicio de memoria, no de espectáculo. Y en México, hoy más que nunca, necesitamos marchas que nazcan del compromiso, no del algoritmo. Que respondan a nuestras realidades, no a las narrativas impuestas. Que nos unan, no que nos distraigan.
Las causas justas no se miden por su popularidad, sino por su urgencia. Y la urgencia está aquí, en esta tierra que nos sostiene, en esta nación que necesita más que nunca ciudadanos críticos, solidarios y presentes.

Marchar por México no es ignorar el mundo. Es empezar por casa.

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