Aumenta el precio de la tortilla en Hermosillo pese a los acuerdos de estabilidad de precios del gobierno federal

El precio del kilogramo de tortilla de maíz en Hermosillo, Sonora, registró un incremento de entre dos y cuatro pesos durante la presenta semana, alcanzando los 32 pesos en diversas tortillerías y puntos de venta minorista. Este ajuste ocurre de manera paralela a los comunicados emitidos por la Secretaría de Economía y el administrador federal, quienes han sostenido públicamente la vigencia de convenios con las principales harineras para mantener el costo del insumo básico sin variaciones. En establecimientos del centro y norte de la ciudad, los propietarios han modificado sus pizarras de precios argumentando el alza en los costos operativos y el precio de la tonelada de maíz blanco.

El impacto del incremento se ha extendido de manera inmediata a los sectores de la economía informal y microempresas. Vendedores de tacos, tamales y otros productos derivados del maíz reportaron ajustes en sus márgenes de ganancia o la necesidad de trasladar el costo al consumidor final. Según testimonios de comerciales locales, el costo del papel el gas y el mantenimiento de maquinaria ha vuelto insostenible el precio de 20 o 30 pesos que se mantenía a inicios de año. Esta situación contradice las proyecciones de la presidente Sheinbaum, quien en sus conferencias matutinas ha reiterado que la inflación en la canasta básica se encuentra bajo control institucional.



Técnicamente, el aumento evidencia la desconexión entre los acuerdos firmados en la capital del país y la realidad de las cadenas de suministros en el noroeste de México. El gobierno federal ha omitido detallar si existen mecanismos de subsidio o vigilancia específicos para los productores de tortilla en estados fronterizos, donde los costos de transporte elevan el precio del grano. La narrativa oficial sobre la autosuficiencia alimentaria y la estabilidad de precios se enfrenta a la dinámica de mercado en Hermosillo, donde la libre oferta y demanda ha superado los topes sugeridos por las autoridades de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco=.

Durante los operativos de vigilancia, los inspectores federales se han limitado a verificar la calibración de básculas, omitiendo acciones sancionatorias sobre el precio final, ya que este no se encuentra sujeto a un control estricto de precios, sino a una “promesa” de estabilidad por parte del sector industrial. Los expendedores de masa y tortilla han señalado que, mientras no bajen los costos de la harina de maíz procesada, el precio al público no podrá retornar a lo niveles previos, independientemente de los anuncios realizados por Palacio Nacional.

Las consecuencias económicas para las familias sonorenses son directas, al tratarse de un producto de consumo diario e indispensable. Socialmente, el descontento entre los pequeños comerciantes aumenta ante la falta de apoyos para mitigar el alza de los energéticos. Legalmente, no existen procedimientos abiertos contra los grandes distribuidores de harina, dejando al último eslabón de la cadena y al ciudadano con la carga financiar de un ajuste que, de acuerdo con el discurso oficial, no debería estar ocurriendo.


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