México defiende la “no intervención” y evita hablar de la oposición venezolana
La postura de México frente a la crisis venezolana volvió a colocarse en el centro del debate. Durante su conferencia matutina del 11 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre el reconocimiento internacional a María Corina Machado, líder opositora que recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha democrática contra el régimen de Nicolás Maduro. La mandataria mexicana respondió con un escueto “sin comentarios” y reiteró que su gobierno defenderá siempre la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y el diálogo como vía de solución de conflictos.
El silencio de Sheinbaum no es casual. Desde hace meses, México ha mantenido una relación ambigua con Venezuela: por un lado, reconoce oficialmente la reelección de Maduro pese a denuncias de fraude; por otro, evita pronunciarse sobre la represión y persecución de opositores. La salida clandestina de Machado hacia Oslo para recibir el Nobel, tras más de un año de persecución, evidenció la gravedad de la crisis política y humanitaria en Venezuela. Sin embargo, la respuesta mexicana se limitó a reafirmar principios constitucionales sin condenar los abusos.
La política de “no intervención” tiene raíces históricas en la diplomacia mexicana, pero en este contexto se convierte en un escudo retórico que evade responsabilidades internacionales. México se presenta como defensor de la soberanía, pero al hacerlo ignora las denuncias de violaciones sistemáticas de derechos humanos. El contraste es evidente: mientras líderes mundiales celebran el reconocimiento a Machado como símbolo de resistencia democrática, México guarda silencio y se alinea tácitamente con el régimen de Maduro.
Este posicionamiento refleja una contradicción en la política exterior mexicana: se proclama la defensa de la democracia y los derechos humanos, pero se evita confrontar a gobiernos autoritarios aliados. La crítica hacia Sheinbaum es que su gobierno prefiere la neutralidad cómoda antes que la solidaridad activa con quienes luchan por la libertad. En un mundo interconectado, la no intervención puede convertirse en indiferencia.
La pregunta que queda es si México puede seguir defendiendo la “no intervención” sin comprometer su credibilidad internacional. Porque en la defensa de la soberanía, también se juega la legitimidad de los principios que dice proteger.
Faro MX: Luz sobre lo que importa.
Comentarios
Publicar un comentario