Ataques de EU en Venezuela culminan con la captura de Nicolás Maduro
La madrugada del 3 de enero marcó uno de los episodios más tensos en la historia reciente de América Latina. Tras semanas de advertencias y una escalada militar sostenida, Estados Unidos llevó a cabo una serie de ataques a gran escala en Venezuela, seguidos de la captura del mandatario Nicolás Maduro, según confirmó directamente el presidente Donald Trump a través de su red social Truth Social.
Los reportes comenzaron cuando habitantes de Caracas difundieron videos de explosiones, apagones y sobrevuelos de aeronaves militares en zonas estratégicas como La Carlota, Fuerte Tiuna y sectores del oeste de la capital. Horas después, Trump publicó un mensaje asegurando que Maduro había sido “capturado y trasladado fuera del país” en una operación ejecutada por fuerzas estadounidenses y unidades de élite.
Medios internacionales ampliaron el contexto: la captura habría sido realizada por elementos de Delta Force, grupo especializado en operaciones de alto riesgo. Aunque no se han revelado cifras oficiales de víctimas ni daños, imágenes difundidas por residentes muestran incendios y afectaciones en instalaciones militares.
Los ataques no surgieron de manera aislada. Desde finales de 2025, Washington había intensificado su presencia militar en el Caribe y el Atlántico, argumentando la necesidad de frenar operaciones de narcotráfico vinculadas al régimen venezolano. En diciembre, Estados Unidos destruyó embarcaciones, interceptó cargamentos y bloqueó puertos utilizados para exportación petrolera. La ofensiva de esta madrugada representa el punto más alto de esa estrategia, ahora con consecuencias políticas directas.
El régimen venezolano denunció una “agresión militar”, pero no ha ofrecido una postura clara sobre la situación interna ni sobre quién asumiría el control del país tras la captura de Maduro. Las Fuerzas Armadas tampoco han emitido un comunicado oficial, lo que incrementa la incertidumbre sobre el equilibrio de poder en Caracas.
Analistas internacionales coinciden en que la captura de Maduro abre un escenario completamente nuevo. Para algunos gobiernos, la intervención estadounidense genera preocupación por el precedente que sienta; para otros sectores, podría significar el fin de un régimen señalado por autoritarismo, colapso económico y una crisis humanitaria sin precedentes. La reacción de actores clave —las Fuerzas Armadas venezolanas, la oposición interna y los aliados internacionales de Caracas— será determinante en las próximas horas.
Lo que viene es incierto. Venezuela podría encaminarse hacia una transición política, un gobierno provisional o incluso un periodo de inestabilidad si no existe un acuerdo interno. La captura de Maduro no resuelve por sí sola la crisis estructural del país, pero sí redefine el mapa geopolítico regional y abre una pregunta inevitable: ¿ha terminado la era del madurismo o apenas comienza una nueva etapa de confrontación?
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